En la vida perdemos más tiempo comparándonos con los demás, en lugar de enfocarnos en la familia, hogar, habilidades, proyectos, dones y otras bendiciones (y retos) que Dios nos ha dado.

Cuando estamos más pendientes a lo que otros tienen, se nos va el tiempo lamentándonos sobre nosotros mismos y sembrar la idea que somos menos y carecemos de lo que hace falta para llegar ser exitoso.

¿Pero acaso el éxito no es algo que puede depender de cada persona?  Exacto, y en la medida que nos medimos según lo que alcanzan otros, olvidamos cuál es nuestro éxito y nunca estamos satisfechos.

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