El niño y su servilleta

Hace tiempo que no lo hacía…pero hace unos días mi sobrino hizo algo que yo DETESTO que haga…me usó de servilleta para limpiarse su “bigote de leche”.

Si usted es padre o guardián de un niño o niña, sé que me va a entender lo que se siente ver al chamaco caminando con su rostro reluciente, mientras que mi ropa tiene documentada todas las aventuras de su día; desde el jugo de toronja que se tomó en el desayuno, el estornudo con premio a las 10 de la mañana y las 5 onzas de sudor cuando jugó con los vecinos al medio día.

Yo creo que me voy a cambiar el apellido a Bounty.

Pero de la misma manera que detesto que mi sobrino (y esto sigue porque por ahí viene otro) convierta mis camisas en candidata para ser tirada en los zafacones rojos de los hospitales, tengo que admitir que me ha enseñado una lección de Fe bien interesante.

Cada vez que uno lee en la Biblia que Jesús nos anima a ser como niños, solo basta con tener un pequeño al lado para entender que esa lección esconde millones de lecciones dentro de ella.

Esta vez, te comparto lo siguiente que aprendí:

Los niños sienten una seguridad casi ciega alrededor de sus adultos. Es una conciencia de que pase lo que pase, lo único que deben hacer es acudir a su adulto y él o ella le va a resolver.

¿Hambre? Adulto

¿Me lastimé? Adulto

¿Quiero algo que está en venta? Adulto

¿Tengo un moco columpiándose desde mi nariz a 3 centímetros del piso? Adulto

Es esa confianza total de depositar sus necesidades y deseos en esta figura que cuida de mí, la que me enseñó el secreto de hacer a Dios el centro de mi vida.

Hacer de Dios el centro es una decisión completamente intencional de soltar mi deseo de ser auto-suficiente y aprender a encontrar mi seguridad en el cuidado de Dios que me lleva a esperar en Él o tomar acción.

No puedo negar que es difícil. En un mundo donde nos enseñan que uno es el héroe y el protagonista de tu salvación, para vendernos un perfume, nadie nos enseña cómo funciona el poner nuestra seguridad en Dios. Sin embargo tengo que decir que el proceso de aprender a depender de Dios es bonito, aunque asusta, porque aprendes a hacer pausa, a escuchar y levantar un sistema de apoyo que te impulsa día a día.

Así que cuando un niñ@ se limpie de tu ropa, recuerda…que de la misma forma que ese infante depositó su seguridad en ti…Dios te invita a que deposites la tuya en Él.

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