Ella no me vino a visitar a mí, pero estaba sentada frente a mí en la sala de mi casa porque ya yo estaba lo suficientemente grande como para tolerar las conversaciones de adultos, y esta era una visita casual que esta señora le estaba haciendo a mis padres…tú sabes…para ponerse al día. Y allí comenzó a hablar de distintas cosas, incluyendo lo cansada que estaba de su trabajo, su jefe, sus compañeros, lo estancada que se sentía y cómo quería hacer otras cosas que sí quería hacer.

Mi papá le preguntó, “¿Por qué no renuncias y cambias a lo que quieres?”. Como siempre, su respuesta demostraba que sus responsabilidades y la familiaridad de su contexto de vida tenían más prioridad. Honestamente, a estas alturas, para mí es completamente razonable y entendible ese tipo de respuesta; lo único que mi papá le recomendó era que si no iba a hacer el cambio, que buscara cambiar de actitud porque sino iba a vivir bien miserable.

Mes y medio después, allí estaba de nuevo, la misma señora…en la sala de mi casa…frente a mis padres…con el “liner” diluido y bajando por sus mejillas…tratando de amarrar palabras en oraciones concretas en medio de sollozos. Lo que alcancé a entender fue “Me despidieron”.

Después que la señora balbuseo dos o tres lamentos adicionales, mi mamá aprovechó mientras ella retomaba aire y le dijo: “¿Pero eso no era lo que tú querías? ¿Dejar el trabajo y hacer otra cosa? Bueno, como no te atrevías a dar el salto, Dios te lanzó del nido para que vueles. Ten cuidado con lo que le pides a Dios, si no estás preparada para que trabaje en ti”.

Honestamente, hasta ahí es que llega mi recuerdo de esa experiencia. Lo que dijo mi mamá me impactó tanto que lo demás dejó de ser importante.

Yo no soy fan de las artesanías de Dios

En la Biblia, Dios se compara con dos tipos de artesanos bien peculiares: El alfarero y el forjador de oro. Y ambos se oyen tan lindo por la dedicación y el cuidado que ponen en su trabajo.

¡Pero cuando estudias cómo es que cada uno hace que su trabajo…ya no suena tan lindo!

Ambos comienzan sus obras golpeando, espulgando, puyando, rayando la materia prima. Luego aplica presión aquí y allá…hasta que tarde o temprano pasa fuego una y otra vez hasta que queda como quieren.

Este mensaje no es para motivarte, sino para advertirte

Ten cuidado cuando le pides a Dios crecer en la vida o alcanzar más. ¿Sabes por qué? Porque Dios contesta esas oraciones. El detalle es que Él no es un genio de una lámpara que concede el deseo así no más. Dios comienza su trabajo transformando, removiendo lo que no va, halando y formando, aplicando fuego que te llevan a tomar decisiones que definen tu carácter y añaden sabiduría.

El proceso duele, asusta, reta, quema y te esfuerza; pero hay algo tan bonito cuando de momento ves la mano de Dios dándole sentido a todo.

Ahora, déjame advertirte…que vas a ser diferente y se va a notar.

Ejemplos post-huracán María

Yo creo que tengo un doctorado en esto de vivir situaciones malas para transformarlas en testimonios de bendición. Después del huracán salí de Puerto Rico para cumplir con un compromiso y al sol de hoy no he logrado regresar. Sin embargo he podido retomar conversaciones aquí en los Estados Unidos que tenía en el tintero y tarde o temprano se convertirán en proyectos bien bonitos.

Pero más llena mi corazón la más reciente conversación que tuve con mi amiga Yashira (no cambié el nombre, ese es su nombre, me dio permiso a usarlo porque ese es su nombre).

Yashira es entrenadora física. Para mí ella es la mejor…obviamente es una opinión completamente parcial, pero yo siempre he admirado mucho que, contrario a otros entrenadores que he visto que les encanta regañar y usar la culpa, a Yashira genuinamente le gusta animar a las personas a ejercitarse. A mí me motivó y yo soy alérgico al ejercicio.

Hace unos meses atrás, Yashira ha tenido algunas situaciones en su trabajo, sobretodo con complicaciones después del Huracán Irma y otros problemas que hubo en su lugar de trabajo. Nosotros, sus amigos, constantemente le preguntábamos que por qué no reúne a gente que le piden ser sus clientes y entrena por su cuenta. Su respuesta, de nuevo, son las típicas y completamente justificadas:

Me gustaría PEEEEEROOOOOOO….
– Hay que comprar equipo
– No tengo donde reunir a las personas
– Si consigo donde, hay que sacar permisos, etc
– No sé si la gente quiera irse

Lo irónico es que ella me confesó que en sus oraciones, le expresaba a Dios su deseo de algún día tener su propia práctica.

De momento, llega María. Se llevó todo…incluyendo el trabajo de Yashira.

Tarde o temprano tenía que tomar una decisión porque esta situación la sacó a patadas de su nido y ya iba en caída libre.

Hasta que decidió batir sus alas y creer. Y en cuestión de días:

– La gente le donó equipo…de que…cantidades generosas para hacer entrenamientos bien hechos.
– Resolvió el problema del local con un modelo que es imposible de resistir si eres un vagoneta como yo.
– Sus clientes la están llamando ajorándola para que comience. O sea que sus clientes la están buscando a ella.

De más está decir que celebramos, cantamos (bueno, yo canté), lloramos (bueno, ella lloró), hicimos un “wi-fi Hi-Five” (eso es nuestro, no se copien) y le dimos gracias a Dios porque estos cambios asustan, aprender a volar es aterrador, pero su mano es fiel y nos levanta.

Cierro con esto

¿Estás viviendo un momento de dificultad, incertidumbre, temor y dolor? Bueno, te llegó aunque no lo esperabas, pero te invito a que lo conviertas en la contestación a tus oraciones.