La semana de Acción de Gracias es una semana tensa para muchas personas. Primero porque gente como yo que no le gusta comer pavo, tiene que obligarse a comérselo y hasta disfrutarlo porque sino no comes ese día. Pero hace años yo encontré la solución para eso…no como pavo en todo el año y me guardo hasta noviembre…check.

La otra es la típica campaña que te obliga a ser agradecido y sacarte razones para ser agradecido de la manga como si fueras un David Blaine de la gratitud. Claro, para ser justos…esa presión no es tanta como la de los especiales del Black Friday, pero está ahí. Hay veces que se hace un consenso donde cada cual tiene que dar gracias por algo en su vida. Hay gente que se les hace más fácil…o sea, siempre hay un primo al que le dan un aumento, viajó a Italia y se tomó un selfie haciendo duck face con el Papa…BIEN POR TI JUAN!!

A otros, no se le hace tan fácil…porque seamos honestos…la vida no siempre te facilita el encontrar razones para dar gracias. Entonces, en lugar de participar en la ruleta rusa del agradecimiento con un sentimiento genuino, lo hacemos con coraje y hasta rebeldía.

Y quiero hablar de eso…¿Qué pasa cuando no tenemos ganas de ser agradecidos? ¿Y si es todo lo contrario…estamos enojados…no no…envenenados de rabia? Rabia con Dios, el mundo, el universo, la vida, la mitocondria…qué sé yo?

Este año no ha sido fácil para muchas personas. Este año, para muchos, se ha definido más por lo que han perdido que por lo que han ganado en la vida. Muchos han perdido sus casas, su estilo de vida y hasta seres queridos y ahora tienen que fingir comer un ave que en realidad no es tan deliciosa bajo la idea de sentir un agradecimiento que en realidad no existe.

Yo he tenido varias pérdidas en mi vida, pero hay dos (hasta ahora) que han dejado huellas y marcas y un torbellino de emociones que tardan meses, sino años en manejar. En medio de esos procesos, tuve que enfrentarme a la pregunta:

¿Cómo doy gracias cuando lo que siento es dolor y coraje y sinceramente no veo otra cosa frente a mí que no sea ese dolor que me come por dentro?

No te voy a aburrir con el viaje de cómo encontré mis respuestas, pero sí te voy a compartir lo que encontré:

• El día de Acción de Gracias es un día hecho para comprar pavo y gravy de Cranberry, no te dejes presionar porque a Dios no le interesa que demos gracias por cumplir…¿Sabes por qué?

• El dar Gracias no le beneficia a Dios en nada. Él sigue siendo Dios aún si le das gracias o no. Dar gracias es algo que en realidad funciona en beneficio nuestro.

• Sentir coraje y quejarse es fácil; solo hay que reaccionar a lo que te rodea y listo. Ser agradecidos, requiere que seamos pro-activos y busquemos motivos de dar gracias aún en medio del dolor. Como eso es tan difícil, significa que trae buenas noticias:

• El que descubre motivos para dar gracias, descubre victorias escondidas que nadie más puede ver. Eso comienza a mejorar tu ánimo y tu actitud y comienzas a sentir que sanas y te levantas con más eficiencia.

• El encontrar razones para ser agradecido no anula tu dolor…pero sí lo redime. Por ejemplo, aunque mi papá murió hace 7 años no dejo de extrañarlo y desear tomar mi teléfono y hablar con él (de hecho, yo creo que todavía tengo su contacto en mi teléfono); es más, se me aguan los ojos mientras escribo esta oración…pero poco a poco el agradecimiento por su legado en mi vida han transformado el dolor de no tenerlo en un deseo de honrarlo con mi vida y mis frutos.

• El ser agradecido te hace un imán para recibir mejores cosas. No sé si es la nueva actitud con la que enfrentas la vida o qué sé yo, pero en mi vida…una vez aprendí a tener una actitud de agradecimiento, he visto cosas buenas llegar a mi vida. Aveces he tenido que encontrarlas escondidas en medio de cosas malas, pero siempre están ahí y llegan. No significa que no sienta ansiedad o miedo o coraje, pero tarde o temprano…llega mi redención y lo sé porque he aprendido a esperarla e identificarla.

• El ser agradecido te hace abrir los ojos a la realidad de que no tenemos el control de las cosas, solo de cómo reaccionamos a ellas. Honestamente, esta realidad me aterra, pero el aceptarla me hace enfocarme en las cosas que sí puedo controlar. Lo otro es que esta realidad me llevó a entender que pierdo mi tiempo molestándome con Dios. O sea…como quiera me molesto con Dios y le cuestiono (muchas) cosas, pero al final del día…no me puedo mantener molesto toda la vida porque no resuelvo nada y Él ha demostrado funcionar mejor como refugio que como el recipiente de mis perretas (aunque todavía lo es).

Al final del día…

Yo no estoy aquí para manipularte a dar gracias. Estoy aquí para decirte que si a alguien le debes el comenzar a buscar desarrollar un corazón agradecido es a ti mismo. No es fácil, es un hábito como hacer ejercicios o comer saludable; pero cuando lo haces por ti y por tu salud emocional y espiritual, vas a experimentar resultados poderosos en tu vida.